En los últimos años España ha observado un notable movimiento en torno a las formas relacionales alternativas. Estudios, encuestas y cobertura mediática han situado la no monogamia ética , como el poliamor o las relaciones abiertas, en la agenda pública, con debates que atraviesan lo social, lo cultural y lo legal.

La pandemia y sus consecuencias en prioridades personales y convivencia también han servido de catalizador para replantear normas afectivas. Este artículo reúne datos oficiales, investigaciones académicas y reportes periodísticos recientes para ofrecer una panorámica del auge de las relaciones no monógamas en España.

Datos y tendencias recientes

Una referencia clave es la Encuesta sobre relaciones sociales y afectivas pospandemia III del CIS (marzo de 2023), que muestra que el 47,6% de los españoles está «muy de acuerdo o de acuerdo» en que una persona puede mantener «dos o más relaciones afectivo‑sexuales a la vez»; además, el 41,4% considera que los miembros de una pareja pueden acordar tener relaciones sexuales con otras personas sin vínculo sentimental (muestra: 2.491 entrevistas). Estos porcentajes reflejan una mayor apertura declarada en la población respecto a décadas anteriores.

La síntesis de distintas fuentes entre 2023 y 2025 apunta a cuatro tendencias claras: mayor aceptación declarada de formas de no monogamia, incremento de la visibilidad mediática, persistencia del estigma en ciertos entornos y la ausencia de reconocimiento legal específico para estructuras múltiples.

Conviene matizar los datos comerciales o de empresas tecnológicas: algunos informes publicados en prensa señalan cifras como que «solo el 51% de los españoles se identifica plenamente como monógamo» en 2024, pero esos resultados deben contrastarse con fuentes oficiales y académicas antes de extraer conclusiones sólidas.

Visibilidad cultural y mediática

Desde series de ficción hasta reportajes y análisis académicos, la cultura popular ha contribuido a normalizar el poliamor y a abrir conversaciones públicas. Estudios sobre accesibilidad y representación (por ejemplo, análisis de la serie Trigonometría) muestran cómo la ficción incorpora tramas que ponen en escena conflictos y matices afectivos de modelos no monógamos.

La prensa y los medios de comunicación han ampliado su cobertura desde 2023, con artículos que explican variantes relacionales y recogen testimonios reales. Esa presencia mediática potencia tanto la comprensión como la polémica, al tiempo que influye en la percepción social del fenómeno.

La creciente visibilidad también ha generado reacciones institucionales y culturales: mientras sectores progresistas celebran la diversidad relacional, voces conservadoras , incluidos obispos españoles, han expresado preocupación por la normalización del poliamor, lo que evidencia el debate en distintos ámbitos.

Poliamor, apps de citas y nuevas prácticas

El ecosistema digital de encuentros ha incorporado señales y herramientas para quienes buscan configuraciones no monógamas. Informes periodísticos como los de WIRED España (febrero de 2024) documentan un aumento de usuarios que usan apps para encontrar relaciones abiertas o poliamorosas, y plataformas que admiten etiquetas y formatos específicos para visibilizar estas preferencias.

Ese diseño de perfiles facilita la comunicación inicial sobre expectativas y límites, pero también plantea nuevos retos: la gestión de múltiples vínculos y la negociación constante requieren habilidades relacionales que no siempre están promovidas por los algoritmos.

Además, la tecnología ha permitido la aparición y difusión más rápida de prácticas y reglas específicas (por ejemplo, variantes como DADT , Don’t Ask, Don’t Tell, que aparecen en prensa como formas con acuerdos explícitos sobre qué no preguntarse), ampliando el vocabulario y las opciones disponibles para quienes optan por no monogamia.

Lenguaje y modelos emergentes

El surgimiento de términos y etiquetas en 2024 y 2025 refleja la maduración del debate: DADT, poliamor relacional, relaciones jerárquicas o no jerárquicas, entre otros, ayudan a describir realidades diversas. La aparición de estas categorías facilita la comunicación, pero también genera confusión cuando se usan sin contextualización.

La prensa ha analizado estas variantes como ramificaciones de la no monogamia ética, destacando que no existe un único modelo sino una pluralidad de acuerdos que se construyen mediante negociación y consentimiento informado.

Investigar y explicar el significado de cada etiqueta es importante para evitar estereotipos y para orientar a quienes exploran nuevas formas relacionales. La alfabetización afectiva y sexual es clave para que estas prácticas se desarrollen con menos riesgos emocionales.

Diferencias de género y experiencia relacional

Varios reportes periodísticos que sintetizan encuestas de 2023 señalan diferencias por género en la propensión a identificarse con modelos de no monogamia declarada: en algunos sondeos divulgativos las mujeres mostraron mayor propensión (por ejemplo, 26% mujeres vs. 14% hombres en una pieza divulgativa). Estos hallazgos necesitan matices y más investigación, pero sugieren que la experiencia y la expresión de deseos afectivo‑sexuales pueden variar por género.

Otras investigaciones y reportes apuntan a diferencias en percepciones sobre igualdad emocional dentro de las RNM: la gestión de sentimientos, la negociación de tiempo y la carga afectiva aparecen como cuestiones sensibles que se experimentan de forma distinta según contextos y expectativas de género.

Analizar estas diferencias requiere datos robustos y enfoque interseccional: edad, clase, orientación sexual y pertenencia cultural influyen en cómo se diseña y vive la no monogamia.

Estigma, «armario relacional» y procesos de visibilización

Aunque la aceptación declarada crece, el estigma persiste. Reportajes y testimonios publicados en España (agosto de 2024) documentan que muchas personas no monógamas esconden su modelo relacional por miedo a juicios , por ejemplo, la creencia de que ‘‘tenemos miedo al compromiso’’, , lo que dificulta la visibilización y el acceso a redes de apoyo.

Ese fenómeno del «armario relacional» tiene efectos concretos: aislamiento, doble vida, dificultad para recibir apoyo familiar o profesional y obstáculos en entornos laborales o comunitarios donde prima la norma monógama.

La salida del armario relacional suele requerir estrategias cuidadas de comunicación y, en muchos casos, apoyo externo. La visibilización pública contribuye a normalizar, pero también puede exponer a agresiones y juicios, por lo que el proceso es complejo y heterogéneo.

Impacto pospandemia y cambios en prioridades

El CIS 2023 y otros estudios relacionan el periodo pospandemia con un cuestionamiento mayor de la monogamia tradicional: la experiencia de confinamiento, los cambios en la convivencia y la reevaluación de deseos e independencia alteraron prioridades relacionales para muchas personas.

Ese contexto favoreció reflexiones sobre la calidad afectiva, la autonomía y las formas de organización íntima, impulsando tanto la experimentación como la búsqueda de marcos teóricos y prácticos para sostener relaciones múltiples.

La pandemia actuó como un acelerador de cambios ya en marcha: quienes ya cuestionaban normas afectivas encontraron en el pospandemia espacio para explorar alternativas y hablar de ellas con mayor apertura.

Marco legal, reacciones institucionales y retos

En el plano legal, el Código Civil español regula el matrimonio como contrato entre dos personas y no contempla figuras jurídicas para matrimonios múltiples o estructuras poliamorosas con efectos civiles equivalentes. Esto deja a las relaciones no monógamas sin reconocimiento formal en ámbitos como la fiscalidad, la herencia o la tutela.

La mayor visibilidad del fenómeno ha provocado reacciones públicas y debates: desde declaraciones de obispos expresando preocupación hasta demandas de colectivos que piden reconocimiento social y, en algunos casos, protección jurídica para figuras de convivencia plural. El debate está abierto y enfrenta posiciones encontradas.

Mientras no exista un marco legal específico, las personas en RNM deben navegar herramientas legales existentes (contratos privados, testamentos, poderes) y asumir limitaciones institucionales, lo que plantea desigualdades prácticas frente a parejas monógamas.

Retos, riesgos y recomendaciones profesionales

Especialistas , terapeutas, sexólogas y mediadores, coinciden en que los principales retos en las RNM no son el sexo per se, sino la desigualdad emocional, los celos, la gestión de límites y la comunicación. Los reportes de 2024 y 2025 insisten en que trabajar estas áreas es central para la sostenibilidad de las relaciones múltiples.

Las recomendaciones habituales incluyen establecer acuerdos explícitos, promover negociación continua, practicar el consentimiento informado y, cuando procede, buscar acompañamiento profesional para gestionar conflictos y emociones complejas.

La formación de profesionales y la disponibilidad de recursos especializados son claves para ofrecer soporte a quienes optan por la no monogamia, reduciendo riesgos y promoviendo prácticas éticas y equitativas.

Investigación académica y trayectorias históricas

En el campo académico, tesis y trabajos universitarios en España documentan procesos afectivos y sociales del poliamor. Por ejemplo, la tesis «Una travesía de las emociones al afecto en las prácticas del poliamor» (UAB, 2015) ofrece marcos teóricos sobre la transición de la monogamia al poliamor en contextos catalanes y españoles.

Los estudios académicos complementan los datos de encuestas y la cobertura mediática, aportando análisis cualitativos sobre cómo se construyen los afectos, las reglas y las narrativas alrededor de la no monogamia.

La investigación continúa siendo necesaria para comprender variaciones por edad , incluidas personas de 50+ que en reportes de 2025 relatan procesos de reorientación relacional, , género, orientación sexual y factores culturales que condicionan la experiencia relacional.

Implicaciones para el futuro

La combinación de datos oficiales, análisis mediáticos y trabajos académicos sugiere que la sociedad española está en una fase de transición: mayor aceptación declarada y visibilidad, pero con tensiones legales y estigmas persistentes. Esa ambivalencia anuncia debates intensos en los próximos años.

Las políticas públicas, la formación profesional y el diálogo público tendrán un papel importante para garantizar que la diversidad relacional avance con equidad. El reconocimiento social y la protección legal son áreas pendientes que dependerán de movilizaciones sociales y decisiones institucionales.

En definitiva, el auge de las relaciones no monógamas en España obliga a repensar normas, a escuchar experiencias diversas y a diseñar respuestas que combinen libertad relacional con protección frente a desigualdades y abusos.

La visibilidad creciente y los porcentajes de aceptación declarada (CIS 2023) demuestran que la no monogamia deja de ser un asunto marginal para convertirse en un tema social. Sin embargo, normalizar no equivale a resolver todas las tensiones: quedan por delante debates legales, culturales y profesionales.

Como señaló Sandra Bravo en coberturas recientes: «La monogamia ya no se sostiene». Esa afirmación resume una sensación cultural, pero también advierte sobre la necesidad de herramientas , comunicación, acuerdos y acompañamiento, para que la diversidad relacional se viva de forma ética y cuidada.