Los debates sobre el poliamor en España han adquirido nueva intensidad en los últimos años, y en particular desde la difusión de estudios y datos que sitúan a la generación Z como un colectivo especialmente proclive a aceptar o experimentar formas de no monogamia consensuada. Los titulares que en 2024 apuntaron a porcentajes elevados en encuestas encargadas por plataformas de citas pusieron el tema en el centro del debate público y mediático.

Este artículo revisa las cifras disponibles, contrasta metodologías, recoge referencias académicas y analiza las reacciones sociales e institucionales. El objetivo es ofrecer una visión equilibrada que distinga entre resultados procedentes de plataformas con sesgo de usuario y encuestas representativas, y que sitúe el fenómeno en el contexto más amplio del poliamor en España y Europa.

Datos de plataformas y el informe Ashley Madison/YouGov

En enero-febrero de 2024 varios medios recogieron un informe encargado por la app Ashley Madison y realizado con datos de YouGov que ubicó a la generación Z española entre las cohortes europeas más favorables a las relaciones poliamorosas o abiertas. Según las referencias periodísticas, las cifras señaladas oscilaron entre el 51% y el 60% según la fuente, lo que motivó cobertura extensa en prensa y televisión.

La pieza de El País añadió un dato metodológico importante: Ashley Madison registró la llegada de más de 18.000 jóvenes españoles (entre 18 y 29 años) a su plataforma, lo que dio pie al “Informe global sobre no monogamias / Decodificar a la Generación Z”. Además, ejecutivos citados por la prensa afirmaron que alrededor de 1,8 millones de usuarios Gen Z se habrían unido en 2022, una cifra interna que explica el interés de la plataforma en esta cohorte.

Estos resultados explican por qué los medios destacaron a la generación Z española en relación con el poliamor, pero también requieren lectura crítica: proceden de una plataforma cuyo modelo de negocio atrae a personas interesadas en relaciones no monógamas, lo que influye en la composición de la muestra y en los porcentajes reportados.

Comparación con encuestas representativas: el CIS y sus cifras

Frente a los porcentajes elevados reportados por apps, la Encuesta sobre relaciones sociales y afectivas pospandemia (III) del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), publicada el 12/04/2023, ofrece una referencia representativa a nivel nacional. Según ese sondeo, el 47,6% de la población española está «de acuerdo o muy de acuerdo» con que una persona pueda mantener «dos o más relaciones afectivo‑sexuales a la vez» y un 41,4% acepta las relaciones abiertas.

La comparación entre fuentes evidencia diferencias: mientras que Ashley Madison/YouGov mostró cifras más altas para la generación Z en su muestra, el CIS aporta un punto de vista poblacional que incluye a todas las edades y no está condicionado por el perfil de usuarios de una app. Por ello, no es correcto extrapolar automáticamente los porcentajes de una plataforma al conjunto de la ciudadanía.

En términos comunicativos, los titulares que presentan a la generación Z española como la “líder” en poliamor en Europa deben leerse con cautela: pueden reflejar tendencias reales de mayor apertura entre jóvenes, pero también el sesgo propio de las fuentes y los métodos.

Otras plataformas y datos complementarios

Además de Ashley Madison, plataformas como Gleeden han publicado análisis propios que apuntan a mayor experimentación y aceptación de la no monogamia entre jóvenes. Por ejemplo, estudios/encuestas de Gleeden reportaron que alrededor del 22% de personas de 18 a 24 años declararon haber practicado no monogamia en su muestra (datos referidos a 2025 por la propia plataforma).

Los resultados de diferentes apps convergen en una tendencia: mayor concentración de usuarios jóvenes interesados en formas alternativas de relación. Sin embargo, la interpretación exige considerar que quienes usan o responden a encuestas de apps buscan activamente encuentros que pueden no ser representativos de la población general.

Por tanto, los datos de plataformas sirven para identificar patrones y generar hipótesis (por ejemplo, mayor visibilidad en ciudades como Madrid y Barcelona), pero deben contrastarse con encuestas representativas y estudios académicos para evaluar su alcance real.

Qué dice la investigación académica en España y en Europa

La literatura científica sobre consensual non‑monogamy (CNM) ha crecido notablemente en las últimas décadas; una scoping review reciente documenta ese aumento y señala que la mayor parte de la investigación procede de Norteamérica, aunque los trabajos europeos han aumentado en número y calidad.

En España, el estudio «Analysis of the Experiences of Polyamorists in Spain» (Sexuality & Culture, abril 2022) documenta la morfología de relaciones poliamorosas , triadas, flexibilidad de roles, y recoge testimonios sobre discriminación social y expectativas de continuidad entre entrevistados con edades entre 26 y 57 años. Los participantes relatan experiencias de estigma en ámbitos familiares y laborales, pese a una mayor visibilidad pública.

La investigación académica aporta matices que las encuestas no siempre capturan: prácticas concretas, acuerdos explícitos, límites negociados y estrategias para gestionar celos y logística relacional. Estos estudios subrayan la necesidad de políticas y marcos legales que consideren la pluralidad de configuraciones familiares emergentes.

Cobertura mediática, testimonios y reacciones sociales

La difusión de los datos sobre la generación Z y el poliamor provocó amplia cobertura en medios españoles (El País, Antena 3, El Español, La Sexta, RTVE, entre otros) durante 2024 y 2025, con reportajes, entrevistas y mesas de debate sobre si la generación Z está dejando atrás la monogamia y sobre fenómenos relacionados como las «situationships».

El País reprodujo testimonios que ayudan a comprender posturas personales: frases como las de Lucía Inestrillas , «No hay nada malo en querer a más de una persona…», ilustran discursos de normalización y afecto plural. Por su parte, Christoph Kraemer, director regional de Ashley Madison, declaró: «Nos sorprendió, y por eso decidimos abordarlo», señalando el interés de la plataforma por investigar la cohorte Gen Z.

Las reacciones institucionales incluyeron voces críticas: algunos obispos y la Conferencia Episcopal expresaron preocupación pública, comparando en debates mediáticos el auge del poliamor con prácticas como la poligamia. Estas respuestas muestran que la discusión no es solo demográfica, sino también cultural y ética.

Implicaciones sociales, legales y las preguntas abiertas

La mayor visibilidad del poliamor plantea preguntas prácticas: ¿cómo se regulan los derechos parentales, la dependencia económica o la protección social en familias que no se encuadran en modelos monógamos tradicionales? La literatura académica española recomienda abordar la normalización legal y social de las familias poliamorosas para reducir estigmas y proteger derechos.

Otro desafío es la investigación: hacen falta más estudios representativos y longitudinales que permitan distinguir entre apertura de opinión (aceptación) y práctica real (tener múltiples relaciones simultáneas con acuerdos). La combinación de encuestas representativas, estudios cualitativos y datos de plataformas puede ofrecer un panorama más completo si se interpreta con cuidado.

Finalmente, las políticas públicas y los debates civiles deberán equilibrar libertad individual, protección frente a discriminación y garantías legales para configuraciones familiares diversas, sin criminalizar prácticas consensuadas entre adultos.

En síntesis, la generación Z española aparece como un actor destacado en las discusiones sobre poliamor en Europa: las plataformas de citas y algunas encuestas muestran mayor apertura y experimentación entre jóvenes, mientras que el CIS y la investigación académica ofrecen matices y límites a las interpretaciones.

Leer los datos según su origen , apps vs. encuestas representativas, y combinar evidencia cuantitativa y cualitativa es clave para comprender el alcance real del fenómeno y diseñar respuestas sociales y legales adecuadas. El debate continuará mientras cambian prácticas, normas y expectativas entre generaciones.