En los últimos años la conversación pública sobre relaciones no monógamas ha ganado visibilidad en España. Informes internacionales y nacionales, cobertura mediática y trabajos académicos han trazado un paisaje donde la llamada generación Z aparece como más abierta a modelos como el poliamor y las relaciones abiertas.
Este artículo repasa los datos y las fuentes recientes, explica posibles sesgos metodológicos y contrasta resultados para responder a la pregunta: hasta qué punto la generación Z española lidera el poliamor en Europa y qué matices exige esa afirmación.
Datos y origen del titular
El informe Decoding Gen Z (Ashley Madison / YouGov, trabajo de campo julio de 2023) concluye que, a nivel internacional, el 57% de la Generación Z (18-29) estaría dispuesto a considerar una relación no monógama. Además, entre los miembros Z de Ashley Madison el 59% quería explícitamente una relación abierta o poliamorosa.
Medios españoles recogieron y sintetizaron esos hallazgos. El País (23/01/2024) señaló que «la generación Z española es la que más aboga de Europa por el poliamor y las relaciones abiertas», cifrando ese apoyo en torno al 60% para la franja 18-29 en España, y atribuyendo parte del efecto al volumen de altas de jóvenes en plataformas como Ashley Madison.
La popularidad del titular se explica por la combinación de resultados de encuestas sectoriales y observación mediática. Sin embargo, como veremos, el número crudo no agota la explicación: el origen de los datos y la definición de las preguntas importan mucho para la interpretación.
Metodología y sesgos: cómo se construyen las cifras
El propio informe de Ashley Madison combina dos fuentes: encuestas a sus miembros Z (663 respuestas entre abril y julio de 2023) y una encuesta general de YouGov realizada en 10 países (17.096 adultos, de los cuales 3.393 tenían entre 18 y 29 años; campo 11-25 julio de 2023). Esto significa que parte de los resultados provienen de usuarios de una app orientada a encuentros discretos, lo que puede introducir sesgos de selección.
Las plataformas con un propósito explícito relacionado con relaciones fuera de la monogamia tienden a sobrerrepresentar actitudes pro-no-monogamia. Por eso un porcentaje alto entre usuarios no equivale automáticamente a la misma proporción en la población general joven.
Además hay diferencias en las preguntas: la distinción entre «consideraría», «apoya» y «practica» es crucial. Muchas encuestas miden disposición o apoyo, no práctica real, y la variación en formulación hace que comparar estudios sea complejo.
Contraste con encuestas representativas y prevalencia real
Una encuesta representativa del CIS en España (Avance, 12/04/2023) presenta cifras más moderadas: 41,4% está de acuerdo en que los miembros de una pareja puedan tener relaciones sexuales con terceros sin vínculo sentimental, y 47,6% está «muy de acuerdo o de acuerdo» en que una persona puede mantener «dos o más relaciones afectivo-sexuales a la vez». Estas cifras son inferiores al ~60% asociado a la Z española en la cobertura mediática.
Asimismo, la disparidad entre aprobación e incidencia práctica es notoria. Por ejemplo, una encuesta YouGov en EE. UU. (abril 2025) mostró que aunque muchos declararían considerar la no-monogamia, solo el 9% había estado en una relación poliamorosa o abierta. Es decir, la intención y la práctica real pueden diferir radicalmente.
Los medios generalistas españoles han subrayado esa discrepancia. RTVE, Antena 3, La Vanguardia y Cadena SER han cubierto tanto el aumento de la permisividad como las limitaciones metodológicas que impiden convertir un titular atractivo en una conclusión definitiva sobre prevalencia.
Sexo, privacidad y diferencias de género entre jóvenes
El informe de Ashley Madison también destaca tensiones entre apertura y discreción. Entre sus usuari@s Z, alrededor del 60% desean mantener la vida sexual privada, aunque simultáneamente muestran mayor disposición hacia acuerdos explícitos de no-monogamia. En algunos ítems España mostró más disposición que EE. UU. a mostrar intimidad en redes, pero la preferencia por privacidad sigue siendo notable.
Se observan diferencias de género en motivos y prácticas. Por ejemplo, el 29% de las mujeres miembro de Ashley Madison buscaban múltiples parejas porque no creen que una sola persona pueda cubrir sus necesidades emocionales, frente al 9% en hombres; además, porcentajes mayores de mujeres Z dijeron haber sido siempre no monógamas. Estos datos invitan a mirar las dinámicas internas del poliamor y las motivaciones, no solo la bandera generacional.
Las experiencias relatadas a la prensa, como la frase «No hay nada malo en querer a más de una persona» reproducida por El País, muestran cómo algunas jóvenes articulan su apertura como una posición ética y emocional, no meramente instrumental.
Contexto académico y bienestar relacional
La evidencia científica reciente ayuda a desactivar algunos prejuicios. Un meta-análisis publicado en The Journal of Sex Research (26/03/2025) sintetizó 35 estudios con aproximadamente 24.489 participantes y encontró que no hay diferencias significativas en satisfacción relacional o sexual entre personas monógamas y no monógamas consensuales. Esto cuestiona la asunción de que la no-monogamia es inherentemente menos satisfactoria.
En España, investigaciones cualitativas y trabajos universitarios publicados en revistas como OBETS documentan heterogeneidad en prácticas y estigmas, mostrando que las experiencias del poliamor dependen de marcos culturales, redes sociales y apoyos institucionales. La literatura académica aporta matices que complementan las cifras de encuestas.
Así, la convergencia de datos empíricos y estudios cualitativos sugiere que lo relevante es la calidad de los acuerdos y el contexto social, más que una simple etiqueta generacional. El debate público gana con evidencia rigurosa y con una atención a la diversidad interna de la Z.
Implicaciones sociales y periodísticas del titular
Decir que la generación Z española «lidera el poliamor en Europa» funciona como titular porque sintetiza una tendencia: generaciones más jóvenes muestran mayor apertura hacia la no-monogamia. Pero ese titular debe leerse con cautela, porque la magnitud del liderazgo depende de fuentes que combinan muestras no representativas y encuestas generales.
Desde el punto de vista periodístico es importante explicitar origen de datos y limitaciones metodológicas: la diferencia entre apoyar y practicar, el sesgo de plataformas orientadas a encuentros, las definiciones heterogéneas de poliamor, abierta o swinging, y la heterogeneidad internacional en la muestra.
Política pública, educación afectivo-sexual y servicios de salud sexual deberían considerar tanto la mayor visibilidad como la necesidad de información y recursos adecuados. La presencia mediática del fenómeno puede favorecer derechos y debates, pero también requiere políticas informadas para reducir estigmas y mejorar el bienestar.
En definitiva, la generación Z española aparece más abierta, pero el diagnóstico completo exige prudencia y más estudios representativos que distingan intención, práctica y calidad de las relaciones.
La conversación sobre amor, deseo y acuerdos relacionales sigue viva. A medida que la investigación avance y se recopilen datos longitudinales y transculturales, será posible afinar cuánto hay de genuino liderazgo europeo y cuánto responde a fuentes concretas y contextos locales.
Mientras tanto, combinar datos de plataformas, encuestas representativas y estudios cualitativos ofrece la mejor imagen disponible: una generación joven más dispuesta a repensar la monogamia, pero en la que la práctica efectiva del poliamor depende de múltiples factores sociales y personales.
